viernes, 30 de septiembre de 2011

La Tía Julia y el escribidor


Tiene 18 años y hace rato tiene claro qué quiere ser cuando sea grande. Ya lo practica con algunos cuentos cortos que le narra a su amigo Javier, aunque estudia Abogacía para intentar satisfacer a la familia. Lee a los idealizados clásicos que "hay que leer" a pesar de que lo más cercano a un escritor que tiene en esos días de adolescencia limeña es el popular autor de radioteatros Pedro Camacho, un hombre que hace un exagerado culto a la condición de artista y cuyos guiones van degenerando producto de una severa y paulatina conmoción cerebral. La Tía Julia se entrecruza en su camino y lo que aparentaba ser una alocada aventura juvenil se convierte en un sentido amor que lo lleva a desafiar a su familia con obstinada determinación.

Escrita en 1977, "La Tía Julia y el escribidor" es una novela que retrata la transición entre Varguitas y Vargas Llosa, ese notable - y tan polémico - escritor latinoamericano prefigurado en un recorrido vertiginoso que el propio autor nos transmite, a través de una tempestuosa relación amorosa e intrafamiliar que lo hace "crecer de golpe" y con el exquisito condimento de que el escribidor (alguien que formalmente no tiene el significado de escritor con todas las letras) es un personaje antológico, por momentos admirable, por otros siniestro, digno de una rara mezcla de veneración por sus populares efectos en los radioescuchas y lástima por sus condiciones de vida que luego lo arrastrarán hacia un infierno. A la vez constituye, en algunos sentidos, el reflejo estrambótico de ese joven proyecto narrativo que encarna Marito.

La estructura del texto, aunque sostenida en un lenguaje de cierta complejidad, es simple: un capítulo tiene como eje central el vínculo amoroso y otro expone los radioteatros de Pedro Camacho, conectándose ambos a través de la relación que el joven Vargas Llosa establece con el insólito escribidor. Varguitas es el único que tiene acceso a (una mínima parte de) la intimidad que Camacho permite mostrar en aquellos exclusivos ratos en que pone en stand by su obsesivo afán por crear.

En el transcurso de la novela, el lector asume una doble postura: por un lado, sigue las desventuras de Varguitas a la hora de conjugar su sueño literario con la carrera académica en Derecho; a la hora de congeniar un trabajo poco remunerado con las crecientes salidas con la tía Julia; a la hora de buscar los mil y un vericuetos para poder concretar esa locura del casamiento, a la hora sencillamente de crecer. Por otro, se mete en la piel de un radioescucha de la época, sometido a la magia encandilante de Camacho pero también a su profunda degeneración, donde los personajes se mezclan inapropiadamente y las historias se vuelven tan tétricas que la fantasía que su pluma provoca ya no es tal.

Una obra que se puede considerar un pico creativo de Vargas Llosa - casi al final o incluso a un par de años del boom latinoamericano - donde, además de describirnos con lujo de detalles una etapa clave de su propia vida, se involucra de lleno en una linguistica escabrosa que genera esa inolvidable sensación acerca de qué es lo que sigue. Aunque seguramente se le pueda cuestionar que hacia los últimos capítulos se produce un cierto abuso, donde la repetitividad de recursos le gana a la originalidad y a la capacidad de sorprenderse por cuál sería la próxima ocurrencia trágica de Camacho.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Operación Masacre - ¿Periodismo o literatura?

¿Qué es “Operación Masacre”? ¿Una crónica periodística con una notable investigación detrás que sostiene el relato? ¿Una novela que apela a hechos reales pero cuyo ritmo narrativo oscila por los carriles clásicos de ese género literario? ¿O es todo eso y algo más?

En 1957, el escritor y periodista argentino Rodolfo Walsh – desaparecido en la última dictadura militar – logró publicar un libro que haría historia y desnudaría la cara más oscura de la Revolución Libertadora. La ejecución sumaria de una docena de hombres (de los cuales, 5 mueren en esa trágica noche) en un basural de José León Suárez, detenidos poco antes de que el gobierno de Aramburu dictara la Ley Marcial, y el inestimable dato de “el fusilado que vive” unos meses después del fatídico 9 de junio de 1956 serán la excusa perfecta para una deconstrucción minuciosa e infatigable de los sucesos a través de recursos del campo de la literatura y del periodismo. Y la respuesta a la pregunta del inicio: todo eso y algo más. 

Del periodismo (del mejor periodismo) se puede destacar la precisión con que Walsh nos expone los hechos, producto de su notable ejercicio investigativo; su finalidad informativa pero fundamentalmente de denuncia y el uso de la tercera persona en las dos primeras partes – “Las personas” y “Los hechos” – antes de inmiscuirse en los vericuetos judiciales y su confrontación personal – donde el yo es una necesidad para la contundencia con la que debe contrarrestar la mentira y el descrédito – con el jefe de Policía de la provincia de Buenos Aires. 

De la literatura, la relevancia está dada principalmente por la forma en que Walsh elige contar. Nosotros sabemos qué vamos a leer, pero la intriga que el autor genera a través de una decisión estética nos sitúa en una especie de ficción novelesca donde la tensión va in crescendo y lo importante queda para el final. Sin perder la imprescindible distancia de los hechos, el periodista-escritor se involucra con la subjetividad de sus personajes – seres de carne y hueso – y su derrotero político será un fiel reflejo de esa simbiosis sentimental e ideológica. En ese sentido, el aspecto literario se fortalece cuando “descubrimos” lo que ocurrió a partir de los diálogos con aquellas víctimas del odio anti-peronista, con sus pensamientos, sus sentires y pequeños pero significativos detalles de la intimidad en los cuatro instantes centrales de la masacre: 1) la previa y la detención; 2) el fusilamiento en el basural; 3) el escape de los sobrevivientes y 4) la persecución posterior para silenciarlos. 

Un entusiasmado Tom Wolfe en su extraordinario libro acerca del nuevo periodismo norteamericano en los 60’s señaló que el sueño de aquellos impertinentes redactores consistía en “hacer posible un periodismo que… se leyera igual que una novela. Igual que una novela, a ver si ustedes me entienden. Era la más sincera fórmula de homenaje a La Novela y a esos gigantes, los novelistas, desde luego”. Vaya si Walsh lo logra, con creces y un par de años antes que en el Primer Mundo.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Numerología de la elección





La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, precandidata por el Frente para la Victoria (FPV), arrasó en las elecciones primarias realizadas ayer con más del 50% de los votos y una distancia de casi 38 puntos sobre el competidor más cercano, Ricardo Alfonsín, quien apenas aventajó en 1500 votos al ex-presidente Eduardo Duhalde y su Frente Popular. Más de 10 millones de personas decidieron, con su sufragio, brindarle un impulso fenomenal - y casi definitivo - a un nuevo mandato del oficialismo.


Como en toda votación, el recorrido por los datos puede aportar aristas interesantes en las cuales reflexionar. Trataremos de abordar algunos de ellos que quizás nos sorprendan (o nos parezcan obvios, quién sabe):

1) La distancia. Aunque no fue una elección que determinó cargos, proyecta de manera contundente el escenario de Octubre. En ese sentido, los 37,9 puntos de ventaja que Cristina le sacó a Alfonsín se erigen en un récord histórico en lo que a elecciones presidenciales respecta. Juan Domingo Perón, en el inolvidable 1973, obtuvo un 61% de los votos (ítem que permanece imbatible hasta el momento) y su legendario rival político, Ricardo Balbín quedó a 37,4 puntos (duplicando porcentualmente a los que hoy son segundos, por cierto). IM-PRE-SIO-NAN-TE.

2) El porcentaje de los segundos. Tanto Alfonsín como Duhalde - técnicamente igualados - obtuvieron porcentajes dignos de un tercero, como bien manifestó ayer Mario Wainfeld en la eufórica edición del Pagina. Lavagna en 2007, López Murphy en la paridad de 2003, Massacessi en el 95 son tres ejemplos que superan lo hecho por el hijo de Raúl y por el ex-presidente al que nunca eligió la gente. Cavallo en el 99 terminó con números similares a los de Binner. PE-NO-SO.

3) El efecto "La Provincia" + el efecto Norte. En una zona que explica el 38,1% de los votos positivos sobre el total del país, la Presidenta consiguió aglutinar más de un 25% del total de votos obtenidos. Por su parte, y éste sí que es un dato de relevancia notable, en el Norte Argentino (Catamarca + Chaco + Tucumán + Salta + Jujuy + Formosa + Santiago del Estero) que explica apenas un 13% de los votos positivos sobre la totalidad argenta (mismo link: a sumar se ha dicho), Cristina se hizo con casi un 20% de los sufragios generales que obtuvo a lo largo y a lo ancho del territorio. Es decir, una provincia explica un cuarto y una región, que es menos de la quinta parte de la Nación, explica un quinto.

Entre otros posibles datos, nos quedamos con esos tres. La historia como antecedentes en los dos primeros y una explosión territorial - clásica por cierto pero más contundente que nunca - en el tercero. Habrá que esperar a ver qué nos depara Octubre.




martes, 9 de agosto de 2011

Altamira y Duhalde, un solo corazón *






“Estoy enamorado de Duhalde”. El candidato a presidente por el Frente de Izquierda (FIT) Jorge Altamira confesó en una entrevista sus sensaciones respecto al líder de Frente Popular en un intento más por conquistar los 400000 votos que necesita para llegar a Octubre.


El referente de la izquierda no dudó en calificar al ex presidente como un “gran estadista” y, por otra parte, señaló que es capaz de hacer una alianza que incluya a alguien “tan guapo como el Cabezón”. “No es sólo lo electoral lo que me mueve a esta afirmación”, amplió el dirigente del Partido Obrero. 

En las elecciones primarias del próximo domingo, cada fuerza política deberá obtener un 1,5% de los votos del padrón, que equivale – si todos fueran a emitir su sufragio – a 400000 ciudadanos. El FIT es quien, si se consideran sus últimas performances electorales, la tiene más complicada. En ese contexto, luego de un Congreso multitudinario de unos 50 militantes, se tomó la decisión de salir a buscar apoyos en todo el arco político.

Sin embargo, las declaraciones de Altamira sorprendieron hasta a sus propios aliados. “El viejo se pasó, nosotros sabíamos hace rato de sus preferencias sexuales, pero no era necesario entregársele así nada más ni nada menos que a Duhalde”, transmitió su indignación desde el planeta Rojo el candidato a vicepresidente de ese espacio, Christian Castillo.

* Ejercicio realizado, con importantes dosis de espíritu barcelonesco, en Redacción Periodística I (ETER). Cualquier coincidencia con la realidad es un sinsentido. Vale la pena reírse nomás. 

miércoles, 3 de agosto de 2011

Cuando me muera, quiero que me toquen cumbia

                       
 Soy parte de un negocio que nadie puso y que todos usan,
es la ruleta rusa y yo soy la bala que te tocó.
  Cargo con un linaje acumulativo de mishiadura,
y un alma que supura veneno de otra generación.
 
Agarrate Catalina, “La Violencia”

"Violencia es mentir". En esas tres palabras, el Indio Solari graficó, con su agudeza habitual, un estado de época. El neoliberalismo en su versión argentina arrojó a millones de argentinos debajo de la línea de pobreza en la década del 90. Aunque muchos hayan revivido en la escala social producto de cierta recuperación económica, persiste un núcleo - a esta altura - estructural de gente que no. Una generación entera de pibes que hoy tienen 15 o 20 años no saben, por ejemplo, lo que es tener un padre con laburo. Y la violencia a la que muchas veces se ven empujados es sólo la respuesta a una violencia infinitamente mayor y perversa: la de un sistema que miente y excluye cada día un poco más.

Víctor Manuel "El Frente" Vital era uno de esos pibes. Nacido en la transición democrática, fallece a los 17 años vía lo que conocemos como "gatillo fácil" en una villa de San Fernando. Desde entonces, lo que constituía otro joven atrapado por las balas de la Bonaerense asesina da paso a la increíble generación de un mito que Cristian Alarcón revela en toda su magnitud en el extraordinario "Cuando me muera quiero que me toquen cumbia". Publicado por Editorial Norma en 2003, "Cuando me muera..." es una brillante radiografía de los cambios sociales que experimentó nuestro país, visualizados a través de los "pibes chorros", esa denominación despectiva que utiliza una mayoría social y que aquí Alarcón resignifica presentando el contexto de su accionar y las variaciones en sus metodologías (con una frondosa investigación cualitativa alrededor del famoso tema de los "códigos").

Invocar el nombre de “El Frente” es la llave que le permite al escritor chileno adentrarse en los pasillos de la Villa y en las historias que éstos atesoran. Como menciona en el prólogo, la muerte de Vital, un pibe que desde los 13 comenzó a experimentar una pasión por el riesgo y los peligros que implica una vida al borde de la ley, “incluye su santificación y al mismo tiempo el final de una época”. Si Víctor Manuel (¡qué bello nombre!) y sus amigos repartían parte de sus botines entre la vecindad, los “nuevos chorros” – perdidos en la locura de su adicción a drogas exponencialmente autodestructivas – no poseen ningún límite al momento de elegir sus víctimas del afano. Una realidad cada vez más cruda ha logrado que la capacidad de elección de dichos seres se encuentre completamente devastada, inclusive en ese plano. 

En ese sentido, la relación con los transas - que prefigura la exploración directa de estos especímenes en su próxima novela - es uno de los ejes que atraviesa la crónica a través de sus 9 capítulos. Para las madres de los pibes que caen y caen en los institutos de menores por sus repetidos delitos, no es sólo la policía y su persecución permanente al morocho la responsable de que sus hijos, a partir de una determinada edad, pasen más tiempo entre rejas que en el colegio o el precario hogar. "Si el transa no vendiera drogas, los chicos no se drogan y no roban" es la asociación que establecen quiénes visualizan, no sin tristeza, esa calesita interminable, ese derrotero que conduce únicamente al desasosiego.


La zona del país donde la brecha entre ricos y pobres es abismal, donde apenas unas cuadras separan el lujo de la miseria, no deja lugar para los débiles. El Frente construye su propia película siendo el más pillo entre los pillos, pero forjado en los viejos códigos de los chorros de antaño. Sin embargo, el contexto en el que Alarcón se inmiscuye para brindarnos una narración sin fisuras difiere notablemente de la época de Víctor y sus amistades. Sólo un par de años han transcurrido, pero la bolsita de pegamento es más frecuente, la edad de "iniciación" decreció con lastimosa angustia y la vecina de la otra cuadra puede ser tan víctima de un robo como una tienda de Nike en Palermo. Si a uno "lo consideraban tan poderoso como para torcer el destino de las balas y salvar a los pibes chorros de la metralla", hoy el primer disparo viene del paco. Y es casi tan fulminante como el de la yuta. 

Minucioso, con una mirada desencarnada que llega hasta las entrañas de los retratados, Alarcón nos regala una novela fundamental para entender, aunque sea nomás por esos instantes de compulsiva adicción que se suceden hoja tras hoja, la existencia de un mundo en los márgenes al que ningún alma sensible puede sentirse ajeno.

Sin embargo, las sensaciones que dejan la lectura y el compendio de imágenes que vislumbra cada historia es que esas almas (concretizadas en algún tipo de militancia social que se precie de tal) no llegan ahí. No es que no lo intenten (el clásico “laburo en la villa” sigue vigente), sino que hay algo tan profundo, tan insondable, que el acortamiento de distancias sociales se vuelve una misión imposible.

Esa visión pesimista, aunque con una innegable base de realidad, es aminorada en el excelente trabajo del escritor chileno que nos obliga a quemarnos la cabeza para intentar que ese “plan perfecto que ha salido mal” se transforme en vida, en mentes libres que puedan avizorar un futuro mejor. El Frente, en su desenfrenada carrera hacia una muerte segura, así lo hubiera querido para los suyos. En las palabras y también en los hechos.


lunes, 25 de julio de 2011

Sudacas


Luego de la inolvidable consagración de Uruguay en el Monumental (al igual que un mes antes, otro equipo celeste volvió a festejar en ese estadio) se puso punto final a la 43º edición de la Copa América disputada en nuestro país. Competitiva, con escasas dosis de fútbol bien jugado, con un sistema de clasificación que quedó en la picota debido a la impresentabilidad paraguaya y con algunas sorpresas interesantes; el torneo que agrupa a las 10 selecciones del subcontinente más - en esta ocasión - México y Costa Rica amerita un balance que desglose sus hechos más relevantes.

1) Fútbol de selecciones: como en gran parte había demostrado el Mundial, esta Copa América marcó una continuidad en el panorama desolador que azota al fútbol de selecciones. El poco tiempo de preparación que tienen los equipos conspira contra la idea de un fútbol asociado, donde la técnica de los excelentes jugadores que hay dando vueltas se combine - como en sus clubes - para lograr espectáculos vistosos o con una mínima cuota de belleza. En ese contexto, conjuntos como Uruguay tienen todas las de ganar. Una base de memoria, un estilo de juego definido por la historia que se amoldó a la modernidad y, un dato no menor, jugadores con hambre de gloria. Algo similar, aunque salvando las extremas diferencias de capacidad con el balón, sucedió un año atrás con España.
Por eso no sorprende. Ganó el que mejor se adaptó al paño, el que mejor explotó los recursos de sus players, el que mejor aprovechó los errores de los rivales. Con dos jugadores notables como Suárez y Forlán (y un tercero, Cavani, que tuvo la desgracia de lesionarse) y todo el resto del equipo funcionando como un indestructible bloque defensivo - con las particularidades de los muy buenos Pereira por los laterales -, los uruguayos fueron de menor a mayor, tuvieron la ayuda del destino contra Argentina y se impusieron con autoridad en las dos instancias finales.

2) Paridad: si pensamos en sumatoria de puntos, el insólito subcampeón de esta Copa fue el 8vo equipo que más unidades cosechó, solo superando a México, Costa Rica, Bolivia y Ecuador. Esto da la pauta de lo que van a ser las Eliminatorias. Desde el 98 en adelante, con la inauguración de la forma en que se disputa hoy en día, los números puesto han sido Argentina, Brasil y Paraguay. De cara a lo que viene, tenemos una Selección nacional en redefinición casi permanente, unos brasileños que como organizadores no participarán y unos paraguayos que, pese al segundo puesto, tendrán que replantearse mucho y profundo (entre Mundial y Copa América, 1 triunfo en 11 partidos, más allá de los éxitos posicionales). Uruguay dio el salto de no clasificarse - 98 y 2006 - o entrar vía repechaje - 2002 y 2010 - a ser considerado con justicia el mejor de América, tras su cuarto puesto mundialista y el reciente título aquí en Buenos Aires. Venezuela que ya hace rato había dejado de ser sorpresa, pero aquí lo exponenció con mayor claridad; el increíble resurgimiento de Perú tras el oprobioso 10mo puesto en las Eliminatorias pasadas; el camino identitario logrado por Chile, aunque se haya ido más temprano que lo soñado; una Colombia menos ingenua y más dura pese a la mala fortuna de cuartos y la curiosidad de que los dos que peor terminaron juegan a 3600 y 2800 metros de altura. Como dirían los viejos periodistas deportivos, para alquilar balcones. La buena es que de los 9 participantes, 4 van directo a Brasil - con una rubia en el avión - y 1 irá a repesca. Bien bostero: la mitad más uno.

3) Sistema de clasificación: suponemos que los señores que comandan la Confederación Sudamericana de Fútbol habrán tomado nota de la necesidad de realizar una especie de fusión entre Copa América y Copa de Oro. A ver, un equipo no puede llegar a la final sin ganar. Es insólito, cuasi vergonzoso. Pobre Paraguay que, a su manera, avanzó hasta ahí. Pero los reglamentos deberían tener un cierto nivel de exigencia para acceder a determinadas instancias. No hay garantías de que si pasaran los dos mejores de una cierta cantidad de grupos, lo ocurrido no vuelva a ocurrir. Pero lo dificulta mucho más. Un torneo de 16 se ve como lo más indicado para el futuro.

4) Argentina: mientras se define la obviedad del adiós de Batista, es hora de que quienes deciden los asuntos albiceleste se den cuenta que la situación de nuestra Selección es verdaderamente dramática. No es sólo la falta de títulos, sino la imposibilidad de generar un proyecto a largo plazo. Equipos juveniles que eran un orgullo, en la actualidad dan pena; puestos clave donde no se hallan recursos (centrales, laterales, volantes por izquierda); una dirigencia anquilosada que se preocupa por el instinto de conservación personal antes que por el bienestar general. Así ni con Messi podremos soñar con un mañana mejor.

Hasta la próxima, América.

lunes, 11 de julio de 2011

Sigue sin estar bueno Buenos Aires





Los números son contundentes. Indignan. Duelen. Casi la mitad de la ciudadanía porteña (sí, 1 de cada 2) decidió brindarle un tremendo espaldarazo a Mauricio Macri tras 4 años de penosa gestión y le abrió la puerta a un éxito casi seguro en el ballotage que se realizará dentro de tres semanas. Por su parte, se acrecienta el color amarillo en la Legislatura de la Ciudad y las 15 comunas también se visten, en su mayoría, de PRO. Como para pegarse un tiro en las pelotas. Para colmo de males, estamos al horno en la Copa América.


Rápidamente uno puede sacar algunas conclusiones de esta elección. Finalmente la polarización anunciada fue tal (75% entre dos candidatos) aunque la particularidad fue la distribución, ya que es imposible negar el carácter de paliza, realmente impensada hasta para los más optimistas "neo-neoliberales". Eso da la pauta de que la segunda vuelta del 31 será una especie de trámite para el PRO, visto y considerando lo poco que necesita para ganar. Desde el vamos los votos de Pino (aunque el viejo decidiera inesperadamente salir a decir que hay que bancar a Filmus) no se van a trasladar todos al kirchnerismo, en tanto que las otras ofertas de derecha (López Murphy, Todesca, Castrilli, Biondini) sí irán para el macrismo, además de lo que ofrezca la insulsa de Giudici. En fin, no hay mucho que hablar en ese sentido. Ahora se trata de pensar y visualizar la batalla de cada día en los próximos años en esta puta ciudad. 

Sí, en esta fucking ciudad que habitamos, queremos y odiamos al mismo tiempo (un poquito más de esto último si seguimos así). ¿Cómo se explica el 47 de Macri? ¿Cómo se explica la debilidad del kirchnerismo más allá del crecimiento respecto a otras elecciones? ¿Cómo se explica la debacle de Pino aunque no sea lo mismo una legislativa que una donde el núcleo está puesto en los cargos ejecutivos? ¿El progresismo en sus distintas variantes dejó de encontrarle la vuelta a Buenos Aires como supo hacerlo otrora? ¿Las cagadas - es el término más suave que se me ocurrió - de Ibarra  como su máximo exponente las sigue pagando aún al día de hoy? ¿Es una ciudad de derecha?

Múltiples preguntas. Vamos a intentar esbozos de respuestas que nos permitan interpretar lo que tanto nos cuesta. Percibo que Baires tiene un tercio de centro-derecha/derecha que es un núcleo duro histórico y que en ocasiones se divide de acuerdo a las ofertas electorales que haya. En esta ocasión, al igual que 2007, ese 30/33% lo tiene asegurado Macri que acapara todo ese "derechaje", ya que no hay división alguna. La incógnita es como logra dar un salto tremendo de 15/17 puntos hasta rozar el 1 de cada 2 porteños. Ahí hay que apuntar.

El kirchnerismo levantó respecto a 2009, pero no me parece muy válida la comparación entre una legislativa - con el Ejecutivo Nacional en declive - y una de carácter centralmente ejecutivo. El mano a mano debería ser respecto a 2007 y también sale bien parado. Sin embargo, es difícil mirarlo con buenos ojos si el que te gana, te arrasa. Hay algo en el mensaje del oficialismo que no llegó. Como en toda situación de pérdida, es menester una autocrítica. Y pobre Filmus, pero ya se parece a Angelito Cappa. Lo consideramos un buen tipo, a veces vale la pena escucharlo, pero acumula caída tras caída. Insostenible desde donde se lo quiera mirar.

Lo de Pino era cantado. Pese a que en las legislativas el porteño es más amplio y opta más por izquierda que en una ejecutiva (miremos Zamora, sino), Solanas y su Proyecto Sur aprovecharon un "viento de cola" favorable que les posibilitó un batacazo. Desde entonces, el sueño se vino barranca abajo. Por qué? Si a ese guiño no le agregás construcción de base, patinás discursivamente (aunque lo programático siga resultando interesante) y tus fuerzas se pelean entre sí por cargos, el panorama no resultaba alentador. Y así fue. Supervivencia parlamentaria y nada más. Encima Argumedo ya salió a ventilar mierda (que la hay, de todos modos).

Y respecto al progresismo en todas sus vertientes, soy de los que visualizan que los que le abrieron la puerta a MM, no pudieron volver a encontrar la llave porque la perdieron y la ciudadanía no perdonó (como sucede con la UCR a nivel nacional, por ejemplo). Se necesita una construcción diferente, esa que vislumbró con entusiasmo inicial Proyecto Sur pero que luego deshizo al mejor estilo Lilita. Es un desafío para un montón de fuerzas que hoy juegan en la arena electoral y otras que no. Lograr un programa superador, sin divismos, que vuelva a hacer de esta ciudad un lugar más digno de habitar.

Buenos Aires no es netamente de derecha. Ese salto de 15 puntos que distinguimos es lo que falta explicar. Hoy cuesta comprenderlo, pero hay que romperse la cabeza para impedir que sigan siendo macristas. ¿Se le fueron al progresismo y como "Mauricio" no vende que es de derecha le dan una nueva oportunidad porque "juntos venimos bien" y los anteriores todo mal además de ineficaces? ¿Otros núcleos pseudo centristas decidieron que lo mejor era impedir el triunfo kirchnerista y por eso se amarillearon?

Ahora sólo me dan ganas de decir: "La puta madre que lo parió". Como afirmaría un filosófo contemporáneo, el Tano Pasman, estamos en la B. Pero siempre hay chances de ascender.