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lunes, 11 de julio de 2011

Sigue sin estar bueno Buenos Aires





Los números son contundentes. Indignan. Duelen. Casi la mitad de la ciudadanía porteña (sí, 1 de cada 2) decidió brindarle un tremendo espaldarazo a Mauricio Macri tras 4 años de penosa gestión y le abrió la puerta a un éxito casi seguro en el ballotage que se realizará dentro de tres semanas. Por su parte, se acrecienta el color amarillo en la Legislatura de la Ciudad y las 15 comunas también se visten, en su mayoría, de PRO. Como para pegarse un tiro en las pelotas. Para colmo de males, estamos al horno en la Copa América.


Rápidamente uno puede sacar algunas conclusiones de esta elección. Finalmente la polarización anunciada fue tal (75% entre dos candidatos) aunque la particularidad fue la distribución, ya que es imposible negar el carácter de paliza, realmente impensada hasta para los más optimistas "neo-neoliberales". Eso da la pauta de que la segunda vuelta del 31 será una especie de trámite para el PRO, visto y considerando lo poco que necesita para ganar. Desde el vamos los votos de Pino (aunque el viejo decidiera inesperadamente salir a decir que hay que bancar a Filmus) no se van a trasladar todos al kirchnerismo, en tanto que las otras ofertas de derecha (López Murphy, Todesca, Castrilli, Biondini) sí irán para el macrismo, además de lo que ofrezca la insulsa de Giudici. En fin, no hay mucho que hablar en ese sentido. Ahora se trata de pensar y visualizar la batalla de cada día en los próximos años en esta puta ciudad. 

Sí, en esta fucking ciudad que habitamos, queremos y odiamos al mismo tiempo (un poquito más de esto último si seguimos así). ¿Cómo se explica el 47 de Macri? ¿Cómo se explica la debilidad del kirchnerismo más allá del crecimiento respecto a otras elecciones? ¿Cómo se explica la debacle de Pino aunque no sea lo mismo una legislativa que una donde el núcleo está puesto en los cargos ejecutivos? ¿El progresismo en sus distintas variantes dejó de encontrarle la vuelta a Buenos Aires como supo hacerlo otrora? ¿Las cagadas - es el término más suave que se me ocurrió - de Ibarra  como su máximo exponente las sigue pagando aún al día de hoy? ¿Es una ciudad de derecha?

Múltiples preguntas. Vamos a intentar esbozos de respuestas que nos permitan interpretar lo que tanto nos cuesta. Percibo que Baires tiene un tercio de centro-derecha/derecha que es un núcleo duro histórico y que en ocasiones se divide de acuerdo a las ofertas electorales que haya. En esta ocasión, al igual que 2007, ese 30/33% lo tiene asegurado Macri que acapara todo ese "derechaje", ya que no hay división alguna. La incógnita es como logra dar un salto tremendo de 15/17 puntos hasta rozar el 1 de cada 2 porteños. Ahí hay que apuntar.

El kirchnerismo levantó respecto a 2009, pero no me parece muy válida la comparación entre una legislativa - con el Ejecutivo Nacional en declive - y una de carácter centralmente ejecutivo. El mano a mano debería ser respecto a 2007 y también sale bien parado. Sin embargo, es difícil mirarlo con buenos ojos si el que te gana, te arrasa. Hay algo en el mensaje del oficialismo que no llegó. Como en toda situación de pérdida, es menester una autocrítica. Y pobre Filmus, pero ya se parece a Angelito Cappa. Lo consideramos un buen tipo, a veces vale la pena escucharlo, pero acumula caída tras caída. Insostenible desde donde se lo quiera mirar.

Lo de Pino era cantado. Pese a que en las legislativas el porteño es más amplio y opta más por izquierda que en una ejecutiva (miremos Zamora, sino), Solanas y su Proyecto Sur aprovecharon un "viento de cola" favorable que les posibilitó un batacazo. Desde entonces, el sueño se vino barranca abajo. Por qué? Si a ese guiño no le agregás construcción de base, patinás discursivamente (aunque lo programático siga resultando interesante) y tus fuerzas se pelean entre sí por cargos, el panorama no resultaba alentador. Y así fue. Supervivencia parlamentaria y nada más. Encima Argumedo ya salió a ventilar mierda (que la hay, de todos modos).

Y respecto al progresismo en todas sus vertientes, soy de los que visualizan que los que le abrieron la puerta a MM, no pudieron volver a encontrar la llave porque la perdieron y la ciudadanía no perdonó (como sucede con la UCR a nivel nacional, por ejemplo). Se necesita una construcción diferente, esa que vislumbró con entusiasmo inicial Proyecto Sur pero que luego deshizo al mejor estilo Lilita. Es un desafío para un montón de fuerzas que hoy juegan en la arena electoral y otras que no. Lograr un programa superador, sin divismos, que vuelva a hacer de esta ciudad un lugar más digno de habitar.

Buenos Aires no es netamente de derecha. Ese salto de 15 puntos que distinguimos es lo que falta explicar. Hoy cuesta comprenderlo, pero hay que romperse la cabeza para impedir que sigan siendo macristas. ¿Se le fueron al progresismo y como "Mauricio" no vende que es de derecha le dan una nueva oportunidad porque "juntos venimos bien" y los anteriores todo mal además de ineficaces? ¿Otros núcleos pseudo centristas decidieron que lo mejor era impedir el triunfo kirchnerista y por eso se amarillearon?

Ahora sólo me dan ganas de decir: "La puta madre que lo parió". Como afirmaría un filosófo contemporáneo, el Tano Pasman, estamos en la B. Pero siempre hay chances de ascender.



jueves, 19 de mayo de 2011

Ley de Caducidad, o cuándo un Parlamento puede ser vanguardia


Las democracias que supimos conseguir en el continente no se propusieron, de manera generalizada, juzgar a los militares que, a sangre y fuego, habían impuesto apenas años atrás cruentas dictaduras. En algunos casos, las dificultades iniciales provocaron la no insistencia sobre el tema y en otros casos, no hubo siquiera intentos demasiado serios para encerrar a los genocidas. La idea de amnistía, a veces expresada bajo una ley, se instaló en diversas sociedades.

Argentina, con el ejemplar Juicio a las Juntas, fue la excepción a una regla que priorizó la reconstrucción social en base al olvido y una reconciliación desmemoriada. Las patinadas de la Obediencia Debida, el Punto Final y los indultos no pudieron con la fervorosa e intensa movilización social que muchos años después consiguió la inconstitucionalidad de todas esas leyes y decreto. Y los juicios recorren todo el país desde hace varios años como una política de Estado. Con sus deficiencias a cuestas (no es tema de este artículo), pero avanzan. Es innegable.

Nuestro vecino país nos muestra en estos días lo rezagada que, en algunos temas, puede estar una sociedad. Y curiosamente también nos brinda un ejemplo de cómo un núcleo de representantes - legisladores - puede encontrarse un paso adelante. No es una situación muy habitual, por eso vale la pena resaltarla.

¿Cómo evaluar lo que es correcto? ¿Por qué vale más el voto de un pueblo que, por caso, un tratado internacional de derechos humanos? ¿Qué pasa si una sociedad decide expresarse y piensa mayoritariamente que no hay que castigar a los violadores? ¿Hay que aceptar la razón de esa mayoría aunque sea una aberración lo que ese conjunto propugna? ¿O alguien debe poner blanco sobre negro e imponer la interpretación "adecuada" por más que vaya a contramano del colectivo social?

El debate sobre la Ley de Caducidad en Uruguay y su posible anulación abre las preguntas antedichas y origina un sinnúmero de respuestas a esos interrogantes. En la opinión de este cronista, el pueblo uruguayo tuvo la oportunidad de manifestarse en dos oportunidades, separadas por 20 años, y con diferentes márgenes, le dio la espalda a la noción de justicia completa (que significa sencillamente afianzar el simple concepto de justicia). Sin embargo, eso no quita que el Frente Amplio, o más precisamente sus congresales, deben quedarse de brazos cruzados y aceptar ese diagnóstico social. Hay sobrados ejemplos históricos de cómo Parlamentos "aceptaron" los runruneos sociales y los convirtieron en leyes olvidables y regresivas (recuerdo el post-Blumberg en Argentina, por ejemplo).

Los legisladores frenteamplistas del paisito tienen entre sus manos un gran dilema: la tormenta interna que pueda abrirle la puerta a una oposición totalmente desarticulada, al tiempo que "se pelean" con una mayoría social (según las encuestas) que quiere dejar todo tal cual está. Pero por otra parte, su conciencia y evaluación acerca de lo que es correcto puede resignificar la historia de un país que, pese a que su dictadura no se caracterizó por la extrema crueldad de otras, supo tener torturados, desaparecidos y fundamentalmente la ruptura de un orden constitucional que no debió, bajo ningún punto de vista, ser quebrado.

martes, 19 de abril de 2011

El debate en tiempos de kirchnerismo

Reproduzco la nota que publicaron en Plaza de Mayo, el periódico que dirige Gabriel Levinas. El link, más precisamente, es: http://www.plazademayo.com/category/colaboraciones-tw/

 
El consenso sobre una gestión de gobierno es sencillamente un hecho imposible. No existe ninguna sociedad en donde todos sus componentes coincidan – sea en el elogio o en la crítica – en el diagnóstico sobre el rumbo elegido por un determinado elenco gubernamental. La diversidad de opiniones es el signo natural en cualquier régimen político, aunque en uno totalitario cueste encontrar los resquicios para expresarlas.
Bajo un sistema democrático, la posibilidad del debate siempre está abierta. A veces es débil y en otras ocasiones su intensidad puede ser reflejo de un saludable clima en el cual las ideas se intercambian “sanamente”[1] con creciente interés y en donde la capacidad argumentativa se erige en un valor indispensable de quiénes desarrollan discusiones de diversa índole. Aunque no siempre es así.
La chicana y la descalificación son dos recursos muy utilizados que nada tienen que ver con la habilidad para “ganar” una discusión a partir del talento discursivo de cada quién. Cuanto más se usan, más demuestran la desesperación a la hora de lograr imponer el punto de vista deseado ante un interlocutor (mano a mano o con una audiencia como espectadora). La calma y la seguridad de lo que uno cree son el secreto.
El momento actual es sinónimo de intensos debates, pero donde el argumento pesa poco o es refutado a través de una descalificación. ¿Cómo analizar el kirchnerismo desde una mirada favorable o crítica sin caer en la trampa de “manchar al otro”? Una charla entre la socióloga Maristella Svampa y el metro-delegado Beto Pianelli en Usina Cultural del Sur hace poco menos de dos semanas fue una muestra de que es posible. Un hallazgo.
Dos intelectuales[2] con perfiles bien diferenciados, con posiciones explícitamente asumidas y que dejaron bien en claro cuáles son los aspectos positivos y negativos de los últimos dos gobiernos, enmarcado en un balance más general sobre la década. Las visiones más extremas no tuvieron lugar: ni el kirchnerismo es lo mismo que el menemismo ni el kirchnerismo es un avance hacia un socialismo de nuevo tipo (o lo mejor que nos pasó en nuestras vidas). Representa una expresión política originada en un quiebre único y que, a su vez, ha generado sus propias rupturas con lo conocido, al tiempo que también exhibe fuertes continuidades con el ayer.
Pianelli es un aliado del kirchnerismo y desde una perspectiva de izquierda, considera que lo mejor de este ciclo gubernamental pasa por “las fuerzas motrices que está desarrollando en la sociedad” y que es preferible “desarrollar desde abajo en este tipo de procesos”. Dijo que si lo rascaban un poco era medio “gorila”, más en referencia a que nunca había sido peronista (ni pensaba serlo) que respecto a opiniones actuales que han revivido el añejo término. Aunque por otra parte, criticó la cultura de la “izquierda para arqueólogos”, donde predomina una mirada en la cual lo importante es no errarle en el diagnóstico, con el objetivo puesto en un recuerdo histórico del estilo “este tipo nunca se equivocó”. Porque nunca se involucró e intentó influir en la realidad, que es un escenario mucho más complejo cuando uno juega, de veras, en ella.
Svampa situó a la Argentina dentro de un contexto latinoamericano donde, así como ha habido avances positivos en la integración regional, se persiste – aún en gobiernos más avanzados hacia un post-capitalismo concreto – en un modelo neo-colonial de explotación de los recursos naturales que, según su análisis, va a traer graves consecuencias futuras para ecosistemas y poblaciones. Dijo que en ese aspecto (y en algunos otros) se mantiene una matriz neoliberal y en una mirada quizás peyorativa por cómo lo enunció, afirmó que “el kirchnerismo es esencialmente peronismo”. Situó el 2008 como un punto de inflexión donde la actualización nacional-popular en clave latinoamericana se reconvirtió en clave nacional y se dio inicio a la batalla cultural que, con bastante éxito, llevó adelante el actual gobierno. El Bicentenario significó la concreción masiva de una narrativa contra-hegemónica (contra los poderes establecidos) y la muerte de Néstor Kirchner en Octubre de ese mismo año “disipó los apoyos vergonzantes”.
Es decir, dos miradas de una izquierda amplia y diversa que se sentaron a una misma mesa y divergieron acerca de los rumbos actuales, así como también sobre el pasado reciente, todo dentro de esa novedad política llamada “kirchnerismo”.  Difícil caracterizar la complejidad de un proceso en el cual no todo es blanco o negro, pese a lo que muchos pretenden.
Si a esas fuerzas motrices que menciona Pianelli, le sumas Ley de Medios, AUH, renovación de la Corte, política de derechos humanos, estatización de las AFJP, política cultural, integración regional vía UNASUR, disminución de la pobreza (pese a los aumentos de los últimos años, producto de la inflación) y recuperación del empleo en base a una incipiente re-industrialización, se puede sacar un determinado balance.
Sin embargo, si al sostenimiento de la matriz neoliberal que menciona Svampa en relación a la explotación de los recursos naturales, le agregamos burocracia sindical desbocada, alianzas nefastas en la mayoría de los provincias con aquellos que se afirma discursivamente no comulgar, extrema sojización del campo argentino (más allá de las riquezas que eso pueda reportar al fisco), intervención del INDEC, un grado importante de precarización laboral, una cantidad nada despreciable de pobres e indigentes, inentendible luego de tantos años de crecimiento económico a tasas chinas, entre otras variables, el panorama es muy distinto.  
Es decir, no hay totalidad posible de abarcar a la hora de un análisis del kirchnerismo (salvo que uno se pare en una posición absolutista, tanto por derecha como por izquierda), aunque tampoco pueda hacerse un desglose microscópico medida por medida como si la suma de las partes constituyera un todo. Es todo lo mencionado, lo de Pianelli, lo de Svampa y sus agregados, mal que les pese a los acérrimos opositores y a los fundamentalistas nacional y populares. Es un proceso contradictorio, con lógicas disímiles y superpuestas hacia dentro del mismo y que tiene serios límites respecto a la profundización de un panorama post-capitalista. Quizás es menester señalar que no haya sido ése, tanto con Néstor como con Cristina, un propósito de sus gestiones.
Lo interesante surge de ver lo que se filtra entre el “todo bien” y el “todo mal”. Pianelli y Svampa, con sus singularidades, demostraron que los “grises” existen y que es fundamental distinguirlos al momento de indagar sobre una realidad que nos interpela día a día. Y que son posibles cruces de opiniones sin ensuciar la cancha.


[1] Adverbio habitual para valorar un intercambio de ideas, pero que está expresado en un sentido puro e idílico que, en el plano concreto, es irrealizable.
[2] Digresión: no es necesario salir de la academia para serlo.

martes, 5 de abril de 2011

El enigma de Mauricio


A cuatro meses y medio de las elecciones primarias, la oposición política al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner está al horno con fritas. En el fondo, siempre lo estuvieron, pero en el momento de debilidad experimentado x el kirchnerismo entre Junio de 2008 y Junio de 2009 (por poner una fecha más o menos precisa, desde el voto no positivo hasta la derrota en las elecciones de medio término), supusieron que la crisis de uno implicaba la fortaleza del otro. Y no necesariamente era así. El oficialismo tuvo una increíble capacidad de reacción a los golpes sufridos y la oposición - que, vale aclarar, no era un bloque monolítico como deseaban sus impulsores mediáticos, sino varias oposiciones - jamás pudo mostrarse como una alternativa seria a los ojos de quienes le habían otorgado un voto de confianza en vías de vislumbrar un horizonte mejor que el encarnado por el actual gobierno.

El 2010 tuvo dos episodios que consolidaron aún más el predominio oficial de cara a un nuevo período: la conmemoración del Bicentenario de la Patria y las masivas manifestaciones (de duelo y de apoyo al mismo tiempo) provocadas por la sorpresiva muerte de Néstor Kirchner. Si el supuesto vencido ya había pasado a ser vencedor, en ese entonces ya ganaba por goleada. Y al día de hoy, sigue convirtiendo en el arco de esa oposición desguarnecida y atónita.

Al radicalismo la historia aún no lo pasó a retiro, pero el factor helicóptero sigue presente como para mantenerlo en la cornisa. Cobos está más cerca de volver a la ingeniería que de continuar en política, Sanz es apenas conocido por su familia e insólitamente decidió lanzarse a una arena que era evidente que estaba resbaladiza de antemano, Alfonsín sólo se sostiene porque exhibe algún tibio tinte progresista y por el efecto apellido. ¿Pero alguien piensa que cualquiera de estos tres seres pueda disputar un mano a mano con Cristina? Creo humildemente que muy pocos. O al menos insuficientes como para forzar ese ballotage, objetivo preciado del conglomerado otrora conocido como Grupo A (la excepción es Carrió a quien Dios le dijo que ganaría en primera vuelta. No hablaremos de esa señora en esta nota).

El Peronismo Federal es simplemente una sigla que un tipo desesperado porque lo voten pergeñó a sabiendas de que se exponía a una misión imposible. Todos somos conscientes que la oportunidad para que Duhalde asuma el poder está dada por circunstancias excepcionales y no por el voto popular. Eso sí, puede ser un gran armador. Pero él parecería no querer, salvo que tenga el rol de líder público de ese armado (sabemos que su fuerte está en las sombras). El domingo ganó parte de una risueña interna con el co-dueño de San Luis, Albertito Rodríguez Saá. Pero este juego de a dos que a pocos les interesa (más allá de la inflación de números que tiraron en esa bizarra conferencia de prensa), no le va a alcanzar para ser "la alternativa". Das Neves ya no intenta ascender a la A (se quedó en la B Nacional y tiene riesgos con el promedio), Solá sufre ahí adentro y quiere encontrar la salida más prolija y De Nárvaez tiene claro que juega en la Provincia con perspectivas aceptables, aunque no ganadoras. Reutemann NS/NC (en verdad sabe y contesta: NO).

Por el lado de la centroizquierda, el Movimiento Proyecto Sur descartó ir en alianza con el trencito radical y se dispone, con la figura de Pino Solanas (que a veces la clava en un ángulo y otras se mete un bobo gol en contra), a hacer una buena elección pero alejado del mano a mano que sueñan otros. Es una construcción más a largo plazo que resignó la posibilidad más inmediata de obtener un distrito (si Solanas compitiese en Capital un segundo puesto estaría prácticamente asegurado y el ballotage podría arrojar un fuerte dolor de cabeza para el PRO) a cambio de un crecimiento diversificado territorialmente de cara a un 2015 hipotéticamente venturoso. Acierto o no, ese es el panorama para el conglomerado que integran Proyecto Sur, BAPT, Libres del Sur, PSA y el MST. Si a esas fuerzas, se les sumaran socialismo y GEN (muy poco probable, dado que su pegatina alfonsinesca difícilmente se quiebre), crecería su volumen hasta poder dar un batacazo. Aclaramos de nuevo: no triunfo, ni siquiera ballotage. Pero esa fusión podría obtener un 20%, relegar a las demás fuerzas no kirchneristas y meter un honorable 2do puesto. 

Y aquí entonces llega el principal enigma: Mauricio Macri. ¿El principal rival? Varios indicios podrían dar la pauta de que sí. En primer término, pese a las súplicas de algunos de sus más cercanos, el candidato PRO en la city saldrá de los impresentables (una por boluda, el otro por mega garca) Michetti y Rodríguez Larreta. Es decir, así como pasa con Pino, Mauri no se rebajará a pelear por un nuevo mandato porteño. Por otra parte, el tipo confía en que el peronismo disidente (o esa sigla, con algún anclaje territorial) le va a tener que brindar necesariamente su apoyo (con un cambiaso de muchos diputados y senadores en la lista final) y que incluso el radicalismo de derecha (Mendoza a la cabeza) también lo va a aceptar como su líder (?). Motivos no le faltan: el ex presidente de Boca tiene un alto nivel de conocimiento en todo el país y una imagen bastante buena en la ciudad de Buenos Aires, pese a una gestión por demás defectuosa (pésima, a los ojos de este cronista). Proyectando algunos de esos factores a la Nación, y si su fuerza llegase a triunfar nuevamente en las elecciones citadinas, estaríamos en condiciones de afirmar que el esposo de Juliana Awada va a ser el principal adversario de CFK en Octubre.

Es cierto. Nos referimos sólo a condicionales que podrían no pasar. Se trata no de un ejercicio de futurología, sino del planteo de un posible escenario electoral. De todas maneras, este cronista no se imagina a Cristina cruzándole la banda presidencial al ingeniero. Aunque sí con MM ocupando el lugar que "Apocalipsis" Carrió ocupó en 2007: segundo. Probablemente lejos de la presidenta, pero quizás logrando cosechar un tercio del electorado, nada despreciable respecto a la futura composición de las cámaras legislativas.

viernes, 21 de enero de 2011

Luciano, a 2 años



"¿Y cuando vuelve el desaparecido?
Cada vez que los trae el pensamiento
¿Como se le habla al desaparecido?
Con la emoción apretando por dentro"

Desaparecido. Esa tenebrosa palabra, asociada al período más oscuro de la historia argentina contemporánea, pero que insiste en retornar -  aún en momentos que podrían considerarse más felices - para recordarnos que la democracia que supimos conseguir sigue siendo bastante imperfecta y que "los amigos del barrio pueden desaparecer" no sólo cuando hay botas feroces que puedan aplastarnos.
Más allá de cifras que asustan - y ahí Correpi tiene la papa - hay casos paradigmáticos de lo que significa la represión en democracia y, más aún, del método de la desaparición dentro de este régimen político. Uno de ellos es Luciano Arruga, el joven de 17 años, a quien se lo viera x última vez el 31 de enero de 2009 en el Destacamento Policial de Lomas del Mirador, tras haber sido secuestrado x efectivos de la misma. Sí, secuestrado, no detenido, dado que no había cometido delito alguno.
Esto significa, entre otras cosas, que en pocos días se cumplirán nada más ni nada menos que 2 años desde que Luciano desapareció. Dos años de lucha y movilización intensa pero también dos años de una causa semi-paralizada y con una carátula ridícula a esta altura que sindica la ausencia del joven como "averiguación de paradero", cuando suficientes indicios señalan otras puntas. Dos años de dolor y ausencia inexplicable, pero también dos años donde se incrementaron los compromisos de diversos sectores de la sociedad civil, inclusive se pudo romper algunos cercos mediáticos típicos de estas historias (tantas que no rompieron la barrera que lo de Luciano sí).
Dos años es demasiado tiempo. Pero si treinta y cinco después desde aquel trágico 24 de marzo de 1976 se sigue exigiendo justicia, lo de Luciano recién empieza. Y en tiempos donde tanto discurso facho circula pidiendo encerrar a pibes de 15 años, no nos olvidemos de que a un pibe apenas dos años mayor se lo llevó la yuta porque no quiso laburar para ellos.
Este es mi recuerdo. Vos que tenés para decir?

jueves, 18 de noviembre de 2010

Clase política

Hace ya casi 9 años el grito de "que se vayan todos" recorría las calles porteñas y del resto del país. La clase política había llegado a su punto más bajo en la valoración colectiva tras 18 calendarios de democracia que, si bien tuvieron algunos hitos destacables (juicio a las Juntas, ley de divorcio, fin del servicio militar obligatorio), se destacaron principalmente por decepcionar de manera profunda y constante las expectativas ciudadanas. Obediencia Debida, Punto Final, Indultos, Privatizaciones vergonzantes, Pacto de Olivos, Desempleo creciente, Pobreza extrema, Impunidad, Maldita Policía, 13% menos para los jubilados, Corralito y siguen las firmas.  Todos esos puntos, generados bajo un trasfondo de corrupción galopante y acuerdos espureos que llevaron a un abismo insondable el tipo de representatividad establecida durante tanto tiempo. El contrato implícito entre representantes y representados, tal como estaba concebido, se resquebrajó. La política se volvió mala palabra.
La recomposición institucional exhibida desde 2003 vino a clausurar, de algún modo, ese feroz cuestionamiento que se había traducido en algunas experiencias alternativas al poder dominante: asambleas y movimiento piquetero en auge y visibilizado (por lo menos hasta la masacre del Puente Pueyrredón). No se estuvo cerca de la revolución, pero el sistema político tembló como nunca antes. Sin embargo, no se fue nadie. Hubo algún atisbo de que los dinosaurios desaparecieran y un recambio de caras (aunque fundamentalmente de políticas; para muestra basta un Macri) renovara el panorama, pero finalmente los viejos carcamanes se reciclaron y hoy siguen dando vueltas por congresos, te-enes y algún que otro puesto ejecutivo no menor. Por supuesto, "notodoeslomismo", eso está claro. Sólo apuntamos un rasgo general, muy en el aire, que nos ayuda a entender el presente.
La convulsión generada alrededor del (no) debate x el Presupuesto 2011 dejó en claro que gran parte de la clase política sigue tan degradada como entonces. Lo de Camaño sólo fue una muestra extrema de esa degradación, pero los ejemplos sobran. No asustan los chanchuyos (que los hay, los hay, independientemente de Lilitas deplorables), sí la escasa capacidad para argumentar posiciones en temas centrales o la obsesión por salir en los medios para mostrar los dientes superestructuralmente, dado que el ciudadano común la ve pasar por al lado muchas veces (salvo en cuestiones que lo afectan de modo directo, tal una AUH o una estatización de AFJP, por ejemplo), ninguneando lo que debe ningunear, más allá de lo que la tele le diga de manera constante.
El sistema hoy no tiembla como entonces. No es de descartar que vuelva a hacerlo, pero los tiempos han cambiado, al igual que el clima político. Sin embargo, los resabios de esa vieja política que se denunciaba desde muchas vertientes siguen intactos. No se trata de kirchnerismo o anti-kirchnerismo. Se trata de modos y lógicas que no se destierran de un día para el otro y que, incluso, insisten en arraigarse aún más firmemente. Nunca es triste la verdad. Pero sabemos que tiene remedio (lento, pero remedio al fin). Algún día se van a ir yendo. Aunque esta vez no habría que pedírselos, sino hacerlo.