miércoles, 17 de agosto de 2011

Numerología de la elección





La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, precandidata por el Frente para la Victoria (FPV), arrasó en las elecciones primarias realizadas ayer con más del 50% de los votos y una distancia de casi 38 puntos sobre el competidor más cercano, Ricardo Alfonsín, quien apenas aventajó en 1500 votos al ex-presidente Eduardo Duhalde y su Frente Popular. Más de 10 millones de personas decidieron, con su sufragio, brindarle un impulso fenomenal - y casi definitivo - a un nuevo mandato del oficialismo.


Como en toda votación, el recorrido por los datos puede aportar aristas interesantes en las cuales reflexionar. Trataremos de abordar algunos de ellos que quizás nos sorprendan (o nos parezcan obvios, quién sabe):

1) La distancia. Aunque no fue una elección que determinó cargos, proyecta de manera contundente el escenario de Octubre. En ese sentido, los 37,9 puntos de ventaja que Cristina le sacó a Alfonsín se erigen en un récord histórico en lo que a elecciones presidenciales respecta. Juan Domingo Perón, en el inolvidable 1973, obtuvo un 61% de los votos (ítem que permanece imbatible hasta el momento) y su legendario rival político, Ricardo Balbín quedó a 37,4 puntos (duplicando porcentualmente a los que hoy son segundos, por cierto). IM-PRE-SIO-NAN-TE.

2) El porcentaje de los segundos. Tanto Alfonsín como Duhalde - técnicamente igualados - obtuvieron porcentajes dignos de un tercero, como bien manifestó ayer Mario Wainfeld en la eufórica edición del Pagina. Lavagna en 2007, López Murphy en la paridad de 2003, Massacessi en el 95 son tres ejemplos que superan lo hecho por el hijo de Raúl y por el ex-presidente al que nunca eligió la gente. Cavallo en el 99 terminó con números similares a los de Binner. PE-NO-SO.

3) El efecto "La Provincia" + el efecto Norte. En una zona que explica el 38,1% de los votos positivos sobre el total del país, la Presidenta consiguió aglutinar más de un 25% del total de votos obtenidos. Por su parte, y éste sí que es un dato de relevancia notable, en el Norte Argentino (Catamarca + Chaco + Tucumán + Salta + Jujuy + Formosa + Santiago del Estero) que explica apenas un 13% de los votos positivos sobre la totalidad argenta (mismo link: a sumar se ha dicho), Cristina se hizo con casi un 20% de los sufragios generales que obtuvo a lo largo y a lo ancho del territorio. Es decir, una provincia explica un cuarto y una región, que es menos de la quinta parte de la Nación, explica un quinto.

Entre otros posibles datos, nos quedamos con esos tres. La historia como antecedentes en los dos primeros y una explosión territorial - clásica por cierto pero más contundente que nunca - en el tercero. Habrá que esperar a ver qué nos depara Octubre.




martes, 9 de agosto de 2011

Altamira y Duhalde, un solo corazón *






“Estoy enamorado de Duhalde”. El candidato a presidente por el Frente de Izquierda (FIT) Jorge Altamira confesó en una entrevista sus sensaciones respecto al líder de Frente Popular en un intento más por conquistar los 400000 votos que necesita para llegar a Octubre.


El referente de la izquierda no dudó en calificar al ex presidente como un “gran estadista” y, por otra parte, señaló que es capaz de hacer una alianza que incluya a alguien “tan guapo como el Cabezón”. “No es sólo lo electoral lo que me mueve a esta afirmación”, amplió el dirigente del Partido Obrero. 

En las elecciones primarias del próximo domingo, cada fuerza política deberá obtener un 1,5% de los votos del padrón, que equivale – si todos fueran a emitir su sufragio – a 400000 ciudadanos. El FIT es quien, si se consideran sus últimas performances electorales, la tiene más complicada. En ese contexto, luego de un Congreso multitudinario de unos 50 militantes, se tomó la decisión de salir a buscar apoyos en todo el arco político.

Sin embargo, las declaraciones de Altamira sorprendieron hasta a sus propios aliados. “El viejo se pasó, nosotros sabíamos hace rato de sus preferencias sexuales, pero no era necesario entregársele así nada más ni nada menos que a Duhalde”, transmitió su indignación desde el planeta Rojo el candidato a vicepresidente de ese espacio, Christian Castillo.

* Ejercicio realizado, con importantes dosis de espíritu barcelonesco, en Redacción Periodística I (ETER). Cualquier coincidencia con la realidad es un sinsentido. Vale la pena reírse nomás. 

miércoles, 3 de agosto de 2011

Cuando me muera, quiero que me toquen cumbia

                       
 Soy parte de un negocio que nadie puso y que todos usan,
es la ruleta rusa y yo soy la bala que te tocó.
  Cargo con un linaje acumulativo de mishiadura,
y un alma que supura veneno de otra generación.
 
Agarrate Catalina, “La Violencia”

"Violencia es mentir". En esas tres palabras, el Indio Solari graficó, con su agudeza habitual, un estado de época. El neoliberalismo en su versión argentina arrojó a millones de argentinos debajo de la línea de pobreza en la década del 90. Aunque muchos hayan revivido en la escala social producto de cierta recuperación económica, persiste un núcleo - a esta altura - estructural de gente que no. Una generación entera de pibes que hoy tienen 15 o 20 años no saben, por ejemplo, lo que es tener un padre con laburo. Y la violencia a la que muchas veces se ven empujados es sólo la respuesta a una violencia infinitamente mayor y perversa: la de un sistema que miente y excluye cada día un poco más.

Víctor Manuel "El Frente" Vital era uno de esos pibes. Nacido en la transición democrática, fallece a los 17 años vía lo que conocemos como "gatillo fácil" en una villa de San Fernando. Desde entonces, lo que constituía otro joven atrapado por las balas de la Bonaerense asesina da paso a la increíble generación de un mito que Cristian Alarcón revela en toda su magnitud en el extraordinario "Cuando me muera quiero que me toquen cumbia". Publicado por Editorial Norma en 2003, "Cuando me muera..." es una brillante radiografía de los cambios sociales que experimentó nuestro país, visualizados a través de los "pibes chorros", esa denominación despectiva que utiliza una mayoría social y que aquí Alarcón resignifica presentando el contexto de su accionar y las variaciones en sus metodologías (con una frondosa investigación cualitativa alrededor del famoso tema de los "códigos").

Invocar el nombre de “El Frente” es la llave que le permite al escritor chileno adentrarse en los pasillos de la Villa y en las historias que éstos atesoran. Como menciona en el prólogo, la muerte de Vital, un pibe que desde los 13 comenzó a experimentar una pasión por el riesgo y los peligros que implica una vida al borde de la ley, “incluye su santificación y al mismo tiempo el final de una época”. Si Víctor Manuel (¡qué bello nombre!) y sus amigos repartían parte de sus botines entre la vecindad, los “nuevos chorros” – perdidos en la locura de su adicción a drogas exponencialmente autodestructivas – no poseen ningún límite al momento de elegir sus víctimas del afano. Una realidad cada vez más cruda ha logrado que la capacidad de elección de dichos seres se encuentre completamente devastada, inclusive en ese plano. 

En ese sentido, la relación con los transas - que prefigura la exploración directa de estos especímenes en su próxima novela - es uno de los ejes que atraviesa la crónica a través de sus 9 capítulos. Para las madres de los pibes que caen y caen en los institutos de menores por sus repetidos delitos, no es sólo la policía y su persecución permanente al morocho la responsable de que sus hijos, a partir de una determinada edad, pasen más tiempo entre rejas que en el colegio o el precario hogar. "Si el transa no vendiera drogas, los chicos no se drogan y no roban" es la asociación que establecen quiénes visualizan, no sin tristeza, esa calesita interminable, ese derrotero que conduce únicamente al desasosiego.


La zona del país donde la brecha entre ricos y pobres es abismal, donde apenas unas cuadras separan el lujo de la miseria, no deja lugar para los débiles. El Frente construye su propia película siendo el más pillo entre los pillos, pero forjado en los viejos códigos de los chorros de antaño. Sin embargo, el contexto en el que Alarcón se inmiscuye para brindarnos una narración sin fisuras difiere notablemente de la época de Víctor y sus amistades. Sólo un par de años han transcurrido, pero la bolsita de pegamento es más frecuente, la edad de "iniciación" decreció con lastimosa angustia y la vecina de la otra cuadra puede ser tan víctima de un robo como una tienda de Nike en Palermo. Si a uno "lo consideraban tan poderoso como para torcer el destino de las balas y salvar a los pibes chorros de la metralla", hoy el primer disparo viene del paco. Y es casi tan fulminante como el de la yuta. 

Minucioso, con una mirada desencarnada que llega hasta las entrañas de los retratados, Alarcón nos regala una novela fundamental para entender, aunque sea nomás por esos instantes de compulsiva adicción que se suceden hoja tras hoja, la existencia de un mundo en los márgenes al que ningún alma sensible puede sentirse ajeno.

Sin embargo, las sensaciones que dejan la lectura y el compendio de imágenes que vislumbra cada historia es que esas almas (concretizadas en algún tipo de militancia social que se precie de tal) no llegan ahí. No es que no lo intenten (el clásico “laburo en la villa” sigue vigente), sino que hay algo tan profundo, tan insondable, que el acortamiento de distancias sociales se vuelve una misión imposible.

Esa visión pesimista, aunque con una innegable base de realidad, es aminorada en el excelente trabajo del escritor chileno que nos obliga a quemarnos la cabeza para intentar que ese “plan perfecto que ha salido mal” se transforme en vida, en mentes libres que puedan avizorar un futuro mejor. El Frente, en su desenfrenada carrera hacia una muerte segura, así lo hubiera querido para los suyos. En las palabras y también en los hechos.


lunes, 25 de julio de 2011

Sudacas


Luego de la inolvidable consagración de Uruguay en el Monumental (al igual que un mes antes, otro equipo celeste volvió a festejar en ese estadio) se puso punto final a la 43º edición de la Copa América disputada en nuestro país. Competitiva, con escasas dosis de fútbol bien jugado, con un sistema de clasificación que quedó en la picota debido a la impresentabilidad paraguaya y con algunas sorpresas interesantes; el torneo que agrupa a las 10 selecciones del subcontinente más - en esta ocasión - México y Costa Rica amerita un balance que desglose sus hechos más relevantes.

1) Fútbol de selecciones: como en gran parte había demostrado el Mundial, esta Copa América marcó una continuidad en el panorama desolador que azota al fútbol de selecciones. El poco tiempo de preparación que tienen los equipos conspira contra la idea de un fútbol asociado, donde la técnica de los excelentes jugadores que hay dando vueltas se combine - como en sus clubes - para lograr espectáculos vistosos o con una mínima cuota de belleza. En ese contexto, conjuntos como Uruguay tienen todas las de ganar. Una base de memoria, un estilo de juego definido por la historia que se amoldó a la modernidad y, un dato no menor, jugadores con hambre de gloria. Algo similar, aunque salvando las extremas diferencias de capacidad con el balón, sucedió un año atrás con España.
Por eso no sorprende. Ganó el que mejor se adaptó al paño, el que mejor explotó los recursos de sus players, el que mejor aprovechó los errores de los rivales. Con dos jugadores notables como Suárez y Forlán (y un tercero, Cavani, que tuvo la desgracia de lesionarse) y todo el resto del equipo funcionando como un indestructible bloque defensivo - con las particularidades de los muy buenos Pereira por los laterales -, los uruguayos fueron de menor a mayor, tuvieron la ayuda del destino contra Argentina y se impusieron con autoridad en las dos instancias finales.

2) Paridad: si pensamos en sumatoria de puntos, el insólito subcampeón de esta Copa fue el 8vo equipo que más unidades cosechó, solo superando a México, Costa Rica, Bolivia y Ecuador. Esto da la pauta de lo que van a ser las Eliminatorias. Desde el 98 en adelante, con la inauguración de la forma en que se disputa hoy en día, los números puesto han sido Argentina, Brasil y Paraguay. De cara a lo que viene, tenemos una Selección nacional en redefinición casi permanente, unos brasileños que como organizadores no participarán y unos paraguayos que, pese al segundo puesto, tendrán que replantearse mucho y profundo (entre Mundial y Copa América, 1 triunfo en 11 partidos, más allá de los éxitos posicionales). Uruguay dio el salto de no clasificarse - 98 y 2006 - o entrar vía repechaje - 2002 y 2010 - a ser considerado con justicia el mejor de América, tras su cuarto puesto mundialista y el reciente título aquí en Buenos Aires. Venezuela que ya hace rato había dejado de ser sorpresa, pero aquí lo exponenció con mayor claridad; el increíble resurgimiento de Perú tras el oprobioso 10mo puesto en las Eliminatorias pasadas; el camino identitario logrado por Chile, aunque se haya ido más temprano que lo soñado; una Colombia menos ingenua y más dura pese a la mala fortuna de cuartos y la curiosidad de que los dos que peor terminaron juegan a 3600 y 2800 metros de altura. Como dirían los viejos periodistas deportivos, para alquilar balcones. La buena es que de los 9 participantes, 4 van directo a Brasil - con una rubia en el avión - y 1 irá a repesca. Bien bostero: la mitad más uno.

3) Sistema de clasificación: suponemos que los señores que comandan la Confederación Sudamericana de Fútbol habrán tomado nota de la necesidad de realizar una especie de fusión entre Copa América y Copa de Oro. A ver, un equipo no puede llegar a la final sin ganar. Es insólito, cuasi vergonzoso. Pobre Paraguay que, a su manera, avanzó hasta ahí. Pero los reglamentos deberían tener un cierto nivel de exigencia para acceder a determinadas instancias. No hay garantías de que si pasaran los dos mejores de una cierta cantidad de grupos, lo ocurrido no vuelva a ocurrir. Pero lo dificulta mucho más. Un torneo de 16 se ve como lo más indicado para el futuro.

4) Argentina: mientras se define la obviedad del adiós de Batista, es hora de que quienes deciden los asuntos albiceleste se den cuenta que la situación de nuestra Selección es verdaderamente dramática. No es sólo la falta de títulos, sino la imposibilidad de generar un proyecto a largo plazo. Equipos juveniles que eran un orgullo, en la actualidad dan pena; puestos clave donde no se hallan recursos (centrales, laterales, volantes por izquierda); una dirigencia anquilosada que se preocupa por el instinto de conservación personal antes que por el bienestar general. Así ni con Messi podremos soñar con un mañana mejor.

Hasta la próxima, América.

lunes, 11 de julio de 2011

Sigue sin estar bueno Buenos Aires





Los números son contundentes. Indignan. Duelen. Casi la mitad de la ciudadanía porteña (sí, 1 de cada 2) decidió brindarle un tremendo espaldarazo a Mauricio Macri tras 4 años de penosa gestión y le abrió la puerta a un éxito casi seguro en el ballotage que se realizará dentro de tres semanas. Por su parte, se acrecienta el color amarillo en la Legislatura de la Ciudad y las 15 comunas también se visten, en su mayoría, de PRO. Como para pegarse un tiro en las pelotas. Para colmo de males, estamos al horno en la Copa América.


Rápidamente uno puede sacar algunas conclusiones de esta elección. Finalmente la polarización anunciada fue tal (75% entre dos candidatos) aunque la particularidad fue la distribución, ya que es imposible negar el carácter de paliza, realmente impensada hasta para los más optimistas "neo-neoliberales". Eso da la pauta de que la segunda vuelta del 31 será una especie de trámite para el PRO, visto y considerando lo poco que necesita para ganar. Desde el vamos los votos de Pino (aunque el viejo decidiera inesperadamente salir a decir que hay que bancar a Filmus) no se van a trasladar todos al kirchnerismo, en tanto que las otras ofertas de derecha (López Murphy, Todesca, Castrilli, Biondini) sí irán para el macrismo, además de lo que ofrezca la insulsa de Giudici. En fin, no hay mucho que hablar en ese sentido. Ahora se trata de pensar y visualizar la batalla de cada día en los próximos años en esta puta ciudad. 

Sí, en esta fucking ciudad que habitamos, queremos y odiamos al mismo tiempo (un poquito más de esto último si seguimos así). ¿Cómo se explica el 47 de Macri? ¿Cómo se explica la debilidad del kirchnerismo más allá del crecimiento respecto a otras elecciones? ¿Cómo se explica la debacle de Pino aunque no sea lo mismo una legislativa que una donde el núcleo está puesto en los cargos ejecutivos? ¿El progresismo en sus distintas variantes dejó de encontrarle la vuelta a Buenos Aires como supo hacerlo otrora? ¿Las cagadas - es el término más suave que se me ocurrió - de Ibarra  como su máximo exponente las sigue pagando aún al día de hoy? ¿Es una ciudad de derecha?

Múltiples preguntas. Vamos a intentar esbozos de respuestas que nos permitan interpretar lo que tanto nos cuesta. Percibo que Baires tiene un tercio de centro-derecha/derecha que es un núcleo duro histórico y que en ocasiones se divide de acuerdo a las ofertas electorales que haya. En esta ocasión, al igual que 2007, ese 30/33% lo tiene asegurado Macri que acapara todo ese "derechaje", ya que no hay división alguna. La incógnita es como logra dar un salto tremendo de 15/17 puntos hasta rozar el 1 de cada 2 porteños. Ahí hay que apuntar.

El kirchnerismo levantó respecto a 2009, pero no me parece muy válida la comparación entre una legislativa - con el Ejecutivo Nacional en declive - y una de carácter centralmente ejecutivo. El mano a mano debería ser respecto a 2007 y también sale bien parado. Sin embargo, es difícil mirarlo con buenos ojos si el que te gana, te arrasa. Hay algo en el mensaje del oficialismo que no llegó. Como en toda situación de pérdida, es menester una autocrítica. Y pobre Filmus, pero ya se parece a Angelito Cappa. Lo consideramos un buen tipo, a veces vale la pena escucharlo, pero acumula caída tras caída. Insostenible desde donde se lo quiera mirar.

Lo de Pino era cantado. Pese a que en las legislativas el porteño es más amplio y opta más por izquierda que en una ejecutiva (miremos Zamora, sino), Solanas y su Proyecto Sur aprovecharon un "viento de cola" favorable que les posibilitó un batacazo. Desde entonces, el sueño se vino barranca abajo. Por qué? Si a ese guiño no le agregás construcción de base, patinás discursivamente (aunque lo programático siga resultando interesante) y tus fuerzas se pelean entre sí por cargos, el panorama no resultaba alentador. Y así fue. Supervivencia parlamentaria y nada más. Encima Argumedo ya salió a ventilar mierda (que la hay, de todos modos).

Y respecto al progresismo en todas sus vertientes, soy de los que visualizan que los que le abrieron la puerta a MM, no pudieron volver a encontrar la llave porque la perdieron y la ciudadanía no perdonó (como sucede con la UCR a nivel nacional, por ejemplo). Se necesita una construcción diferente, esa que vislumbró con entusiasmo inicial Proyecto Sur pero que luego deshizo al mejor estilo Lilita. Es un desafío para un montón de fuerzas que hoy juegan en la arena electoral y otras que no. Lograr un programa superador, sin divismos, que vuelva a hacer de esta ciudad un lugar más digno de habitar.

Buenos Aires no es netamente de derecha. Ese salto de 15 puntos que distinguimos es lo que falta explicar. Hoy cuesta comprenderlo, pero hay que romperse la cabeza para impedir que sigan siendo macristas. ¿Se le fueron al progresismo y como "Mauricio" no vende que es de derecha le dan una nueva oportunidad porque "juntos venimos bien" y los anteriores todo mal además de ineficaces? ¿Otros núcleos pseudo centristas decidieron que lo mejor era impedir el triunfo kirchnerista y por eso se amarillearon?

Ahora sólo me dan ganas de decir: "La puta madre que lo parió". Como afirmaría un filosófo contemporáneo, el Tano Pasman, estamos en la B. Pero siempre hay chances de ascender.



lunes, 27 de junio de 2011

El vacío


Quería estallar en un grito de alegría, pero los incidentes y las caritas de los jugadores de River me arrastraron hacia un momento piadoso. Había corrido enloquecido por mi casa con el gol de Farré, festejé a pleno el penal que Olave le atajó a Pavone, pero me sentía tan lleno en ese final, tan shockeado al mismo tiempo por "eso que nunca iba a pasar", que sólo pude atinar a sentir sincera pena por ese puñado de pibes (y algunos pocos grandes) que pusieron el cuerpo por una institución devastada y por la enorme multitud que exponía sus lágrimas a las morbosas cámaras de televisión.

No puedo negar que estoy contento. El sábado, antes de la hecatombe, un amigo riverplatense me decía que un descenso de Boca valía más que una Libertadores. Lo frené en seco: "que una Libertadores ni en pedo, que un campeonato local seguramente". Claro, ellos no tienen tantas por eso conocen poco lo que significa semejante trofeo. Pero más allá de la hipocresía de los famosos y el cassette de los rivales en el verde césped, el hincha común xeneize (y de gran parte de los equipos del país) quería que River se vaya a la B. Al revés, tal como el comentario que señalo, hubiera sucedido lo mismo.

Sin embargo, como siempre sucede, la sensación de saciedad deja lugar al vacío. Digamos que se acabó la joda, más allá de que la cargada será eterna. Pero se terminaron la tensión, los nervios, las especulaciones. El hecho se consumó. Y ahora qué?

Y ahora saber que cuando sorteen el fixture, no van a estar ellos, ese partido que sobre todo en los 90 (donde ganaban campeonatos con mucha frecuencia) me importó tremendamente ya que habitualmente nos salvaba el año. Todavía cuesta caer en la veracidad del hecho. Aunque el goce sea infinito, los voy a extrañar. Por eso les pido que no tarden tanto en volver. Una temporada en el infierno será suficiente.


martes, 14 de junio de 2011

Si me queres, quereme transa


Fascinante es el primer adjetivo con el que me es posible asociar "Si me queres, quereme transa", la novela del periodista y escritor chileno Cristian Alarcón. Llegué a esta investigación periodística luego de que una tarde gris de Marzo decidí comprar "Cuando me muera, quiero que me toquen cumbia", otro enorme escrito del mismo autor. "Cuando me muera..." lo agarró mi compañera y se lo devoró, tal es así que su fervor literario la llevó a la búsqueda y al encuentro del libro que aquí reseñaré (próximamente vendrá el otro, también leído).

Alarcón se propone explorar una parte del vasto mundo narco a través de una serie de historias - de manera central la de Alcira, EL personaje a seguir - que se entrecruzan, en el marco de una ligazón geográfica que conecta fundamentalmente dos países hermanos de Latinoamérica: Perú y Argentina. Con mayor precisión, ciertos reductos rurales de la nación andina, suburbios de Lima y el sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La villa en la que se introduce Alarcón - aunque puede aplicar a otras - tiene sus códigos y sus zonas. Clanes familiares, en su gran mayoría de origen peruano, se reparten el control del territorio. En ocasiones la convivencia es pacífica y armónica. Nadie avanza un paso si el otro no lo permite. Habitualmente ese otro no lo permite. Pero cualquier altercado, por mínimo que parezca, puede modificar la estructura. Y allí se producen episodios de violencia, donde la sangre es sólo un elemento que posibilita el acceso a más poder y a una porción mayor de una torta muy grande.

"La envidia es uno de esos sentimientos que nadie puede disimular". Con esa frase letal que ahonda en el corazón de la especie humana, la investigación apunta a un núcleo sustancial: cuanto más poder se acumula, más enemigos se generan. Si el poder se compone de elementos que lo hagan durable y legítimo, el enemigo no podrá actuar sin ser derrotado. Cuando el poder sufre un tropezón, el enemigo se lanza como un tigre dispuesto a despedazar a su rica presa. Les pasa a los peces gordos principalmente, pero los "minoristas" (aunque en ningún momento asistimos a la visualización de un negocio gigante al estilo México o Colombia) también se enfrentan en sus deseos por acceder a las grandes ligas.

Sin embargo, quienes mandan tienen lo suyo. El liderazgo se gana y se reproduce con actos que en el largo plazo configuran mitos, como será por ejemplo el del Frente Vital en "Cuando me muera...". Alarcón no nos deja dudas al respecto cuando señala que "la leyenda no sólo se construye con la exageración y la mentira, sino también con ciertos tópicos como la compasión del líder ante las miserias de sus dominados, y al mismo tiempo su costado oscuro de matón que debe destacar su mayúscula crueldad: en el mismo hombre, las virtudes y los defectos extremos del ser humano". No se trata de un nombre determinado, sino de un modo prefigurado al que las características personales deben adaptarse para sobrevivir y trascender.

El poder, los líderes y las disputas a muerte no son el único escenario que nos muestra el muy buen escritor chileno. La villa también es alegría, es diversión, es una divina mezcla de culturas cuyos rituales se celebran alternada y/o combinadamente. La increíble procesión que adora al Cristo Negro - y que luego terminará en tragedia - es un ejemplo paradigmático de ese sentido festivo que los peruanos, esencialmente, ejercen a lo largo y a lo ancho de su extendida diáspora: "El mundo andino es una cultura de fiesta en el que la música es tocada por su gente como un tributo al trabajo y a lo sagrado, en el que la devoción es hacia el santo patrono de turno, pero también hacia los cerros, el cóndor, las lagunas, la nieve, el sol".

Con un estilo de reminiscencias walshianas y que se involucra hasta el hueso en muchos casos (el ejemplo de Alcira y el pedido para que sea el padrino de uno de sus hijos es una tierna muestra de ello), Alarcón nos regala una "non-fiction" de alto nivel cuyo mensaje va más allá de las historias concretas que van surgiendo en el transcurrir de las páginas: la idea de que la investigación es inescindible de un ejercicio periodístico honesto y "contador de mundos", sobre todo aquellos que habitualmente están signados por la estigmatización y los lugares comunes.